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Finlandia ha ganado la partida al asma

 

El éxito del Programa Nacional de Asma de Finlandia se refleja en las estadísticas.

  • Al inicio del programa, el 20% de los pacientes finlandeses con asma tenían síntomas graves o no controlados; en 2001, esa proporción se había reducido a la mitad, y en 2016 disminuyó a 2.5%.
  • El número de días de ingresos hospitalarios relacionados con el asma en Finlandia también se redujo a la mitad en el transcurso del programa.
  • Los primeros 13 años del siglo XXI vieron una caída del 46% en el número total de visitas relacionadas con el asma a los servicios de emergencias en Finlandia. La disminución fue aún mayor entre los niños.

 

El programa fue organizado por el gobierno, pero fue implementado por la Asociación Finlandesa de Salud Pulmonar, un organismo profesional y organización no gubernamental.

 

Su fundamentación estaba basada en los resultados de un estudio realizado a principios de la década de 1990, que concluyó que el tratamiento para el asma debería iniciarse inmediatamente con medicamentos antiinflamatorios, además de los broncodilatadores. “Ahora esto es común, pero no fue el caso a principios de 1990”, señala Tari Haahtela, quien se convirtió en presidente del programa de asma. Después de 2008, el control del asma se incorporó al Programa de Alergia de Finlandia, que se basó en el trabajo anterior y funcionó hasta 2018.

La economía del país ha cosechado los beneficios de los programas sucesivos. En 1993, el asma le estaba costando a Finlandia el equivalente a € 330 millones por año. Para 2013, el país había reducido el costo anual de la afección a € 191 millones. Estos cambios ocurrieron a pesar del incremento en el número de pacientes con asma registrados, de 135 000 en 1993 a 256 000 en 2015, y un aumento constante en la prevalencia de asma diagnosticada, del 6 al 5% en 1996 a 10% en 2006.

Entonces, ¿qué hay detrás de los notables logros de Finlandia en el control del asma? Según Mika Mäkelä,”se trata de construir una cultura común para que todos conozcan su papel y la importancia del programa”. También refiere que fueron uno de los primeros países del mundo en enseñar a todos los interesados a identificar pacientes con asma, diagnosticarlos, tratarlos y asegurarse de que continuaran tomando el medicamento”. La piedra angular fue el diagnóstico temprano y el tratamiento con antiinflamatorios bronquiales. “Hoy por hoy no existen evidencias de intervenciones que hayan logrado una prevención primaria del asma, esto significa que la prevalencia se mantendrá alta, pero se puede mejorar la detección y el manejo temprano”, explica Haahtela. “

Antes de 1994, los pacientes con asma en Finlandia seguían distintos itinerarios en el sistema sanitario. Circulaban entre hospitales, centros de salud y departamentos de emergencias. La Asociación Finlandesa de Salud Pulmonar lanzó campañas educativas, centrándose particularmente en la Atención Primaria. Capacitaron a enfermeras, médicos de Atención Primaria y farmacéuticos para que actuaran como colaboradores del programa de asma y para ayudar a recopilar datos para la afección. Se creó una red de especialistas entre las especialidades que tratan a los pacientes con la Atención Primaria y las farmacias. Hoy se habla de Vías de Atención Integrada ya que los agentes están colaborando e intercambiando información. Todos los pacientes con asma persistente fueron entrenados para usar los autocuidados guiados.

El énfasis local fue crucial. Programaron reuniones en todos los centros de salud y hospitales para consensuar las actividades y construir la cultura favorable. La mayor parte del trabajo se hizo incorporando las actividades en el trabajo rutinarias de los médicos y administradores.

El costo de las campañas educativas fue mínimo. Aunque el número de pacientes aumentó, estaban mejor controlados, lo que produjo ahorro, ya que los ingresos hospitalarios disminuyeron y los pacientes tuvieron menos absentismo.

“El asma es un problema de salud pública y necesita una solución de salud pública”, afirma Haahtela. “Así lo hicimos en Finlandia, estableciendo objetivos claros, definiendo herramientas para alcanzar los objetivos, decidiendo los resultados a evaluar (gravedad de la enfermedad, hospitalizaciones y costos), y luego implementamos programas educativos a largo plazo. Los pacientes comenzaron a dejar de acudir a los servicios de emergencias y al hospital”.

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